Apple cumplió un año sin Steve Jobs

La compañía de la manzana sigue viviendo del legado que dejó su fundador, que falleció hace un año. Su sucesor, Tim Cook, la ha convertido en la empresa más valiosa del mundo. Está por ver si podrá seguir revolucionando la industria a largo plazo.

Expansión, España.

Apple cumplió un año sin Steve Jobs

Apple se quedó huérfana el 5 de octubre de 2011. Steve Jobs fallecía a la edad de 56 años tras una larga lucha contra el cáncer. El mito que se creó alrededor del fundador de Apple no ha dejado de crecer tras su muerte. Mago, visionario, genio… el carismático y polémico Jobs escribió una de las grandes páginas de la historia de los negocios. Hizo de la tecnología algo fácil e intuitivo, revolucionó cada industria en la que puso el pie y convirtió la compañía de la manzana en una marca de masas.

Hoy, Apple sigue viviendo del legado empresarial de Steve Jobs. Los analistas aprueban con nota la gestión de Tim Cook, que asumió el cargo de presidente ejecutivo seis semanas antes del fallecimiento de su mentor. Rodeado de un equipo directivo en el que ha hecho pocos cambios y que lleva en su ADN el estilo Jobs, Apple sigue siendo una máquina de hacer dinero.

Además, la acción sigue disparada. Cuando Jobs dimitió a finales de agosto, la cotización se situó en US$ 374. El pasado 18 de septiembre, superó por primera vez la barrera de los US$ 700.

Puede que parte de este ascenso (Apple se ha convertido en la empresa más valiosa de la historia) se deba a la herencia de Jobs, pero también es cierto que, si Cook hubiera cometido grandes errores, la bolsa habría sido implacable. Que se lo digan a HP, que perdió un 40% de su valor durante los once meses en los que Leo Apotheker estuvo al frente de la firma.

Seguir el guión


Hasta ahora, Apple ha seguido el guión de los lanzamientos (nuevo iPad e iPhone 5) que dejó escrito Jobs. Parece que Cook ha logrado mantener con vida la magia de esa varita con la que su predecesor convertía en oro todo lo que tocaba. Con el iPhone 5 se han batido todos los récords de la compañía, tras vender 5 millones de unidades en su primer fin de semana en el mercado.

Sin embargo, hay dudas sobre la capacidad del ejecutivo para seguir revolucionando la industria a largo plazo. Los nuevos productos presentados en el último año son una evolución, no una revolución.

Es difícil que una compañía sea capaz de transformar la industria cada pocos años, como algunos parecen exigir a Apple. Jobs lo logró tres veces en apenas nueve años: con el iPod (2001), el iPhone (2007) y el iPad (2010). Sin embargo, la compañía necesita esa capacidad de sorpresa para seguir siendo Apple.

Un factor en el que tiene mucho que decir el secretismo. Hace unos años, Apple sabía y podía guardar bajo siete llaves sus planes de producto. La compañía no estaba sometida al escrutinio actual, así que Jobs tenía algo más fácil que Cook mantener en secreto los detalles de sus próximos productos, a la vez que filtraba píldoras a algunos medios para crear expectación.

En estos momentos, el calendario de lanzamientos es más previsible. Se sabe cuándo toca nueva versión del iPad o del iPhone. Además, es casi imposible evitar las filtraciones de sus múltiples proveedores.

Cuando llega el día D, queda poco margen para la sorpresa, como se vio en la presentación del iPhone5.

Expectativas


Además, las expectativas alrededor de Apple son mucho más elevadas que en cualquier otra compañía tecnológica. Cada vez que Cook se sube a un escenario, una legión de fans de la manzana espera volver a vivir esos momentos mágicos en los que Jobs decía: “Tengo una sorpresa”, “aún queda una cosa más”, y lograba arrancar aplausos y exclamaciones de admiración del auditorio.

De momento, Cook no lo ha conseguido. Puede que lo logre en las próximas semanas si, como se rumorea, lanza un mini iPad más barato para hacer frente a la competencia de dispositivos como el Amazon Kindle Fire o el Google Nexus.

Tim Cook se sabe al frente de una compañía cuyos movimientos son diseccionados al milímetro. Es consciente de que para lograr que Apple continúe en lo más alto debe mantener vivo el espíritu de Jobs, pero no trata de replicar –más allá de una estética muy similar- a un ejecutivo que es irremplazable.

El presidente ejecutivo de la firma de Cupertino tiene su propio estilo. Y toma decisiones que quizá no cuadren con el estilo Jobs. Por ejemplo, volver a repartir dividendos después de 18 años sin retribuir al accionista.

Cuesta imaginar a Jobs paseándose por las fábricas de sus proveedores chinos y comprometiéndose a mejorar las condiciones de trabajo de los empleados. Cook lo ha hecho. También cuesta imaginar a Jobs escribiendo una carta de disculpas como la de su sucesor por el error garrafal en los mapas del sistema operativo iOS 6. Este traspié, el mayor desde que Tim Cook está al frente de Apple, ha llevado a algunos de los fans del fundador de la compañía a proclamar que “esto con Jobs no habría pasado”. Una frase que, seguramente, se volverá a escuchar en el futuro.

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