“Acércate para que pueda darle de comer tu carne a los pájaros de los cielos y a las bestias de la tierra”

Goliat a David

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Cuenta la Biblia una historia que sucedió hace aproximadamente 3,000 años, cuando el reino de Israel aún estaba en su niñez. Los valles y cerros de Sefalá se encuentran enclavados entre una cordillera y una llanura en la costa. En los tiempos del rey Saúl, los filisteos arribaron a la costa desde Creta con el objetivo de llegar hasta la cordillera y dominar el área, por lo que Saúl trae a su ejército  y lo atrinchera a lo largo de la cresta norte de la cordillera, mientras que los filisteos se atrincheran en la cresta sur, manteniéndose así, mirándose durante semanas; ser el primero en atacar significaría quedar expuesto y completamente desprotegido.

Para romper el punto muerto, los filisteos envían a su guerrero más poderoso hasta el valle de Elah; éste, llamado Goliat, es un gigante de más de dos metros, cubierto de pies a cabeza por una brillante armadura de bronce, tiene una espada, una jabalina y una lanza; es absolutamente terrorífico. El hombretón pide gritando a los israelitas que le envíen a su mejor guerrero poder para acabar con esto entre los dos. Infunde tanto miedo, que ninguno de los soldados israelitas quiere luchar contra él; sería simplemente un suicidio, ni en sueños podrían derrotarlo.

Solamente un humilde pastor de ovejas da un paso al frente, se acerca al rey Saúl y se ofrece a luchar contra el gigante. Ante la oposición de Saúl, el pastor insiste en que puede conseguirlo: al fin y al cabo, lleva años protegiendo a su rebaño de lobos y leones. Sin otra alternativa, Saúl cede.

El pastor, llamado David, rechaza la armadura que le ofrecen; en cambio, se agacha y guarda en su zurrón de pastor cinco piedras que recoge del suelo. Baja la ladera de la montaña para enfrentarse al gigante acercándose cada vez más a él. Saca una de sus piedras, la pone en su honda, la hace girar, la lanza y le da al gigante justo entre los ojos, en su punto más débil; el enorme guerrero cae y el pastor corre hacia él, saca la espada y le corta la cabeza, provocando la huida de los filisteos.

Todos conocemos la historia de David y Goliat, recogida en la Biblia. Y, aunque no la hayamos leído, sabemos bien lo que significa: es la victoria del pequeño frente al grande, del desvalido frente al poderoso, un recuerdo de que aunque tengamos todo en nuestra contra, siempre habrá posibilidades de salir triunfante. Es una peculiar metáfora que se ha extendido por todo el planeta, en cuanto que da forma al universal anhelo de poder decidir nuestra suerte por nuestra propia mano, sin encontrarnos sometidos a influencias externas.

El periodista y sociólogo canadiense Malcolm Gladwell confiesa estar obsesionado por esta historia en la que todo lo que ha pensado sobre ella ha resultado mentira y que forma parte de nuestra cultura cuando la utilizamos como metáfora de las victorias improbables del débil sobre el fuerte. David, se supone, es el que va en desventaja: es casi un niño y solamente un pastor con una honda. Goliat es gigante, grande, fuerte, experto y lleva encima artillería pesada.

A pesar de lo que pareciera a primera vista, una honda es un arma increíblemente devastadora; haciendo cálculos de balística la fuerza del impacto de la roca que lanzó David a Goliat es mas o menos la misma de una bala calibre .45. Cuando David se prepara y dispara, tiene toda la intención y la confianza de ser capaz de acertarle a Goliat en el punto más débil: entre los ojos. Usar la honda con certeza ha sido su fortaleza toda la vida. El pesado gigante, quien esperaba un combate cuerpo a cuerpo y lastrado con una armadura de casi 50 kilos, es una presa fácil; no tiene ninguna posibilidad. Por otro lado, algunos textos posteriores al relato, aseguran que Goliat padecía acromegalia, un mal que aqueja a los que sufren de gigantismo y que afecta principalmente la vista; tal vez no podía distinguir al joven pastor ni sus intenciones.

Así, que los israelitas que están en el cerro lo miran pensando que es un enemigo extremadamente poderoso. Pero lo que no entendían era que lo que parecía ser la fuente de su aparente fortaleza era también la causa de su enorme debilidad.

Sin importar para este efecto la exactitud bíblica, histórica o científica de la historia, la interpretación y la lección que Gladwell nos deja es clara: Lo que hace parecer fuerte a Goliat es su mayor debilidad.

Asi lo confirma el psicólogo Malcom Gladwell, célebre autor de La clave del éxito (Taurus, 2007) ha reformulado el mito en su último trabajo. Como ya explicamos en su día, la tesis principal de David y Goliat. Desvalidos, inadaptados y el arte de lucha contra gigantes (Taurus) es que los débiles (o, mejor dicho, los underdogs, algo así como “los previsibles perdedores”) no son en realidad las víctimas, sino aquellos que, precisamente por sus dificultades, llegan más lejos.

“Cuanto más lees el texto, más claro te queda que los autores tenían un conocimiento muy sofisticado de lo que acontecía”, explica Gladwell en su entrevista en su charla en Ted. “Lo que hace parecer fuerte a Goliat es su mayor debilidad. Es algo que ha sido confirmado por los estudiosos más modernos. Y David no es quien pensamos que es. Lo fascinante de la historia es el interés que muchos historiadores israelíes han manifestado por el arma de David”. En realidad, la honda era una tecnología muy superior a la armadura y la lanza de Goliat. Pero, si en realidad el israelita tenía ventaja, ¿cuál es la moraleja de la historia?

La fortaleza es sólo una apariencia, recuerda Gladwell. Todos los Goliat tienen importantes puntos débiles que un enemigo avezado puede descubrir y aprovechar. El psicólogo traza un paralelismo con la situación de Estados Unidos durante los últimos años, que a pesar de ser la gran potencial mundial, “se ha visto con serios problemas para alcanzar sus objetivos fuera de sus fronteras”.

Si el más fuerte gana todas las batallas, no hay ninguna esperanza para el resto de nosotros, ¿verdad?

 

“¿Por qué lo hemos pasado tan mal en Vietnam, en Irak y más tarde en Afganistán? Son países enanos, su tamaño es una parte pequeña del nuestro”, explica Gladwell. “Y aun así, nos cuesta cumplir nuestros objetivos allí. Mi libro intenta explicar a la gente por qué. Sólo porque seas grande y fuerte no significa que puedas hacer lo que quieras”. En opinión del autor, existen muchas historias semejantes a las de David y Goliat, en las que las fuerzas son más parejas de lo que parece. Sólo que nos gusta confiar en el poder de los débiles, aunque no lo sean.

“Hace parecer el mundo más justo de lo que es”, concluye Gladwell. “Si el más fuerte gana todas las batallas, no hay ninguna esperanza para el resto de nosotros, ¿verdad?”. Incluso los poderosos prefieren identificarse con el desvalido: “Si los mismos que tienen todo el poder, todo el dinero y toda la autoridad son los que van a ganar todas las peleas, ¿para qué vamos a seguir adelante? Así que esta historia sirve para los que no tenemos grandes esperanzas pensemos que de vez en cuando podemos llegar a la cumbre. Eso es absolutamente cierto, y es de lo que tratan las historias.

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