12241562_1084964174871582_8450277921782788722_nLas precuelas de Star Wars nos dieron más disgustos que satisfacciones, pero precisamente por ello podemos extraer valiosas lecciones que eviten desastres en el futuro. Un futuro que se llama Episodio VII y en el que Michael Arndt (guionista) y J.J. Abrams (director) deberán andarse con cuidado para no despertar la ira de los fans que ya sufrimos en nuestras carnes los chistes de Jar Jar Binks, los diálogos entre Amidala y Anakin, los saltos de Yoda o las tos asmáticas de Lord Grievous.

A continuación les ofrezco una lista de lo que no quiero volver a ver ni en pintura en Star Wars. Ocho enseñanzas, ocho deseos que, por favor, rogamos tengan en cuenta los creadores del Episodio VII.

  1. Fuera la Federación de Comercio. 12274479_1084958874872112_1226807421004114866_n    El Episodio I comenzó de la manera más infumable posible, con unos alienígenas feos y bastante pusilánimes discutiendo sobre tasas, impuestos y aranceles. ¿Eso es Star Wars? Obviamente no, es política a fin de cuentas pero… Desconocemos en qué estaba pensando Lucas, pero esa trama comercial no aporta a la historia ningún elemento de interés ni implica emocionalmente a los fans. Si Lucas pretendía aplicar una capa de “profundidad” al universo galáctico, fracasó vilmente y, lo que es peor, nos aburrió mortalmente. La Federación de Comercio no pinta un bledo en Star Wars, y los droides a su servicio tienen cero carisma. Se mueven como títeres y todo, hablan como si se hubieran tragado un silbato y no infunden miedo. A esos tampoco los queremos.
  2. Fuera Jar Jar Binks.12227785_1084958941538772_4685249011109891410_n.jpg ¿Qué podemos decir de Jar Jar Binks que no se haya comentado a estas alturas? Si fuera una persona real, el pobre no podría salir de su casa ni a por el pan. Es el personaje más funesto, estúpido y groseramente escrito que ha habitado no solo Star Wars, sino casi cualquier película de ciencia-ficción de la historia. La idea de Lucas era que, a falta de un C3PO chisposo, Jar Jar debía dar el contrapunto cómico a Obi-Wan y Qui-Gon Jinn. Por desgracia, Lucas confundió humor con chistes de guardería y nos regaló momentos de vergüenza ajena difícilmente superables, como la escena en que Qui Gon le agarra de la lengua o el momento en que suelta una ventosidad. Si vuelve a asomar la cabeza, que sea para que se la corten.
  3. Fuera CGI. 12246769_1084959054872094_5514184621057920074_n  Ok, estamos en el siglo XXI y las computadoras hacen maravillas, pero los muñequitos y las maquetas no son cosa del pasado. Vistas hoy, las tres precuelas lucen unos efectos especiales artísticos que han envejecido fatal. El silueteado de los personajes creados con CGI canta por fatales, y hay fondos de relleno que directamente parecen hechos con plantillas del primer Photoshop. La tecnología actual aún no puede imitar la fisicidad de las prótesis de látex ni la de los decorados hechos con materiales reales, así que por favor, rescataten el muñeco de Yoda y utilización naves de “verdad” para los primeros planos. El Señor de los Anillos enseñó el camino de los efectos especiales de síntesis.
  4. Fuera malas actuaciones 12278738_1084959101538756_1866288237152485883_n   Los personajes que no eran un puñado de píxeles vestidos con mantas de colores o insectos a cual más inverosímil, tenían serios problemas para resultar creíbles y transmitir cierto dramatismo. El caso más claro es el de Hayden Christensen, que compone un Anakin enfurruñado que solo tiene dos gestos: morritos fuera y morritos dentro. ¿Ese es el futuro Vader? ¡¡Noooooo!! Anakin no puede peinarse a raya y soltar sandeces cada vez que abre la boca; tiene que ser un tipo siniestro y ambiguo que dé miedo e imponga respeto. Amidala (Natalie Portman) tampoco es una dechado de virtudes. No da la talla, ni como reina, ni como heroína, y se pasa las tres películas mirando de reojo y tapándose la boca al reír. Mal. Star Wars necesita buenos intérpretes, actores con carisma que compongan personajes memorables en un par de escenas. Niños y adolescentes, ¡¡atrás!!.
  5. Fuera la Fuerza. 12249784_1084959151538751_6750833215710513978_n    Se suponía que la Fuerza era algo serio y trascendente, no una habilidad más propia de Goku o Cantinflas que de un maestro Jedi. Anakin nos regala algunos de los usos más estúpidos y banales posibles de la energía primordial que, recordémoslo en palabras de Sir Alec Guiness, “mantiene cohesionado el universo”. Al imberbe Skywalker no se le ocurre otra cosa que lanzarle peras volando a Amidala durante una cena romántica, así, sin más, por no hablar del momento Ikea del Episodio III, en el que lanza muebles sin ton ni son mientras hace frente a Obi Wan. Se merece lo que le pasa, sin duda. Al pobre Yoda tampoco le dejan muy bien cuando le ponen de maestro de escuela con unos padawan y, todos juntos, se dedican a mover cubos y cilindros. Por dios, queremos que la Fuerza sirva para un propósito noble.
  6. Fuera héroes de pacotilla. 12278873_1084959188205414_2435204485214901377_n    La trilogía precedente no pasará a la historia por su galería de héroes, entre otros motivos porque ningún personaje es capaz de acreditar esa condición. ¿Jar Jar? ¿Anakin? ¿Amidala? Los personajes con más posibilidades eran Qui-Gonn Jinn y Obi-Wan, pero Lucas tiene la feliz idea de matar al primero y de convertir al segundo en un testigo casi mudo de los acontecimientos. Los protagonistas son dos jovenzuelos -Amidala y Anakin- que oyen campanas y no saben de dónde viene el sonido. La química simplemente no existe y se encuentran entre los héroes de acción más torpes del género. Por tener, no tienen ni un momento épico, ni una sola escena de “crecimiento” en la que uno cierre el puño y le grite a sus colegas: ¡diosssssssss! Nada.
  7. Fuera villanos de nabo 12241302_1084959238205409_579375355196383708_n    La sombra de Vader es grande, ¿pero tanto como para ser incapaces de introducir en tres películas a un malo de verdad que infunda miedo y temor? A Darth Maul le sobraban cuernos y tatuajes (y poces a lo Bruce Lee), Christopher Lee estaba ya muy mayor para interpretar a Darth Tyranus, y Lord Grievous era un insulto a la inteligencia. Nos queda el futuro emperador, Ian McDiarmid, completamente desaprovechado hasta la tercera entrega y a quien el pelo a lo Punset le hace un flaco favor. Necesitamos que en el Episodio VII haya un tipo tenebroso y amenazante, una némesis de los protagonistas que sea capaz de infundir mal rollo y cuya sola presencia nos deje mudos.
  8. Fuera diálogos estúpidos. 12246974_1084959291538737_8129643152010272041_n    La labor de Lucas como guionista de las precuelas nos obliga a pensar que, efectivamente, el Episodio IV fue un milagro. Es difícil escribir diálogos tan chuscos y artificiales, aislados de lo que ocurre en la pantalla y trufados de frases vacias que no dicen NADA y sí, en cambio, rozan el esperpento. Basta un ejemplo ilustrativo: los intercambios de piropos entre Amidala y Anakin. Cielos… ¿Es Star Wars o una comedia romántica con Tom Hanks y Meg Ryan? A Han Solo le bastó un “lo sé” para conquistar a Leia, sin necesidad de recurrir a comidas campestres ni cenas vegetarianas. El personaje de Obi-Wan es otro de los damnificados, pues el pobre se limita a repetir, en forma de pregunta, las observaciones que le hacen otros. Ojalá Michael Arndt sea capaz de hacernos olvidar tantos malos ratos.

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