Olas gigantes en la bahía, túneles que se derrumban sobre los ciudadanos inocentes, los edificios de la ciudad se desmoronan al paso de un monstruo feroz a lo largo de Tokio y mientras, los viejos burócratas del gobierno de Japón discuten, preocupándose más por las protocolos y papeleos de esas reuniones de emergencia que por el caos que envuelve a su país. La burocracia, la incompetencia, los intereses de unos pocos frente a los del pueblo.

Son sólo algunos de los temas que se dejan ver en ‘Shin Godzilla’, la película número 29 de la infame bestia radiactiva, la más política de la franquicia desde que la original del 1954. Tras el accidente de Fukushima, los horrores a los que se enfrenta Japón tienen forma de tsunami y, de nuevo, catástrofe nuclear. Aunque esta vez, claro, no es una bomba atómica, sino un fantasma de sus propios errores. Un país devastado que ve como Japón pierde su lugar frente a una China en crecimiento y una, cada vez más beligerante, Corea del Norte.

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El reflejo de un sentimiento patriótico

Mientras que ‘Godzilla’ (2014) de Gareth Edwards‘ tiene los ojos puestos en un relativamente lejano 11-S, el clima de guerra silenciosa de los Estados Unidos en todo el mundo volviéndose en su contra y, en general, en la imaginería bélica actual que se aparece aquí y allá, pero no hay un simbolismo más allá de la reproducción de conflictos reales. Es puro espectáculo con intenciones, pero no recoge las inquietudes de un país como lo hacen las películas japonesas.

Shin Godzilla’ parece estructurada para irradiar una nueva confianza en el futuro. El monstruo es todo un icono del país, siempre con éxito de taquilla, y surge para recordar las miserias de la patria y hacer que el verdadero espíritu del Japón dorado resurja. Los burócratas incompetentes son reemplazados por nuevos defensores del reino, jóvenes y de mirada cristalina. El mensaje es claro: los monstruos del pasado y el presente pueden ser derrotados por los héroes del futuro. Todo ello de una fanfarria que sugiere la épica y el nacionalismo.

En ocasiones, la película parece un banderín de propaganda para moralizar a toda una población, completando un arco emocional y nacional de 60 años. La vieja generación no sabe cómo manejar una crisis mientras que los idealistas han aprendido de los errores de sus antepasados y mantienen una actitud más positiva y orgullosa de Japón. En la serie de Godzilla que se desarrolló entre 1954 y 1974, el ejército era inepto, aplastado una y otra vez por los monstruos. Esta visión de su aparato militar ha ido cambiando con el tiempo.

En la década de los 80, el gobierno de Japón trabajó para suavizar la forma en que los libros de texto escolares explicaban la culpabilidad del país durante la Segunda Guerra Mundial, continuando en los 90 y principios de los 2000. En ‘Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack‘(2001) se trataba, en parte, ese tema exacto. Godzilla es la encarnación de la guerra japonesa y se alterna un sentimiento con la dualidad de ser víctimas de las bombas atómicas y al mismo tiempo, culpables de crear el problema y de crímenes de guerra.

Tensiones internacionales

El peligro de la ciencia al servicio de lo militar es casi una constante. En los años 60 y 70, sin embargo, se centraban en muchas películas de invasiones extraterrestres, un reflejo de la presión e intervencionismo estadounidense para detener el comercio con China durante la Guerra Fría, o su uso de Okinawa como base de operaciones para la Guerra de Vietnam. En ‘Godzilla vs Mechagodzilla‘ (1974) eran más explícito. Los “alienígenas” invaden Okinawa con una versión más peligrosa del monstruo favorito de Japón. En ‘Godzilla vs Mechagodzilla’ (2002) un robot era japonés y se descontrolaba, representando el peligro de rearmarse.

El retorno de Godzilla’ (Return of Godzilla, 1984), primer reboot de la serie es un punto medio entre el original y ‘Shin Godzilla’. El monstruo vuelve a ser monstruo y aparece el medio de una lucha de Estados Unidos y la Unión Soviética. Así, los misiles contra Godzilla se lanzaban desde el espacio, y planteaban una intromisión de ambas potencias similar a la que se refleja en la última película. Mientras, ‘Godzilla vs King Ghidorah’(1991) cambiaba las tornas sugiriendo la intervención de Japón en América, una contrición que en esta última entrega vuelve a desaparecer.

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En esta, Japón está dispuesta a desafiar a Estados Unidos, que les obliga a evacuar Tokio para bombardear a Godzilla con la bomba H. Se sustituye la intención ecológica, el dilema de los residuos de las intermedias de la serie y plantea un puro escenario post-desastre. Para el recuerdo, una imagen: el monstruo parado como una estatua gigante en medio de la ciudad destruida, como los restos destruidos del reactor de Fukushima, todavía allí imposible de retirar. Un testamento para recordar el problema de la fusión nuclear y, al mismo tiempo, la irrelevancia política mundial.

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